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5/27/2015

El peso de las decisiones de un escritor (3).

Y han sido muchas más las manifestaciones que ha tenido la literatura por medio de las redes sociales, también está el caso de un movimiento que se tornó viral y que también fue epicentro para un debate que tuve con una amiga argentina alguna vez en las calles de México, y es el de la ‘Acción Poética’, esta expresión artística  consistía en escribir frases con un formato especifico en las paredes de las calles de diferentes ciudades del mundo para subir una foto de aquel mural a una página creada en Facebook y de esta manera compartir masivamente la frase, buscando que la gente sienta pasión por la poesía y que se haga escuchar por medio de esta.

Pero lo que debatíamos con mi compañera era si ese tipo de frases eran verdadero arte o simplemente una frase elegida al azar, pues es esta la diferencia la que le da el valor a la literatura (algo parecido a la cita que puse anteriormente de Truman Capote, en la que hace los descubrimientos que lo llevaron a ser escritor). 

Recuerdo que yo no estaba muy convencido de que la ‘Acción Poética’ tuviera un contenido lo suficientemente fuerte para motivar a la gente a leer, sino que más bien eran excusas para creerse poetas sin sentido, pero a la final de aquel debate, ella resultó convenciéndome de que esas contadas palabras expresaban fragmentos de la cotidianidad que eran lo suficientemente verdaderos para adherirse a las vivencias de las personas, que esas frases cortas, escritas en un pared blanca, podían llegar a tocar un pensamiento especifico de algún lector transeúnte y transformar su día, ya que lograba identificarse con el sentimiento que expresa esa escueta forma de hacer poesía callejera.

Otro vivo ejemplo de estas nuevas expresiones es el caso del músico español Robe Iniesta, fundador y vocalista de la banda de rock urbano Extremoduro, la cual sube muchos de sus vídeos al Internet, además de publicar todos los datos sobre conciertos y giras en su página web. 

En la lírica de sus canciones se ve la fuerte influencia de la poesía y como esta es un factor determinante en los mensajes que quiere trasmitir el cantautor de ‘Extremo’ (como le dicen a la agrupación abreviadamente), pues la música es solo la forma y el verdadero contenido artístico está en la letra de los temas, o en palabras de Robe: “yo me reivindico más como poeta porque lo que más quiero es ser poeta. Hacer música, bueno, si está bien, pero hacer una letra para mi es mucho más difícil, es donde está una canción”.

Por otra parte, sigo pensando que saber identificar esa diferencia correctamente en las redes sociales o en algún blog clandestino es lo que evita que el arte se degrade y permite que se sigan creando brillantes obras artísticas. 

Si este análisis se hace correctamente se podrán seguir explorando nuevas formas de hacer arte desde el ámbito tecnológico, ya que este nos ofrece una gran capacidad para enviar contenidos en forma de bit, permitiendo que el flujo de información sea más libre  y dándole la opción a cualquier persona de subir a la interfaz su producto artístico. Explotando al máximo este recurso habría una gran fuente de información cultural en la web, esto ayudaría mucho al progreso educativo de las naciones, pues tendrían a la mano una herramienta que les permite aprender sobre arte gratuitamente. 

Entonces, en este orden de ideas podría decirse que las decisiones que toman los diferentes escritores tienen un peso tan drástico para su vida misma y para la vida en general, que logra influir al resto de la sociedad creando nuevos conceptos en ella para que todas las personas puedan descubrir y mostrar también su lado artístico.

Mucho de los escritores que mencione anteriormente, siempre intentaban dejar su huella en el mundo y en el corazón de las personas, buscaban transformar el mundo con el recurso de la literatura pero utilizando varias temáticas o recursos que impactaran lo suficiente a las personas para que ella mismas reflexionarán y aprendieran a cuestionar sus propias ideas.

Algunos escritores decidieron morir por sus letras, porque solo así vivirían eternamente, otros llevaron sus sentidos al límite para enseñarle a la gente que la vida va más allá de un trabajo de oficina y que lo único que realmente importa son las decisiones que tomemos para sonreír en el presente efímero. Ya lo decía Baudelaire en uno de sus poemas: “¡Es hora de embriagarse! Para no ser los esclavos martirizados del tiempo, ¡embriáguese, embriáguense sin cesar! De vino, de poesía o de virtud, o como mejor le parezca. Supongo, que ellos solo querían que nos arriesgáramos a tomar ese tipo de decisiones para vivir al máximo nuestra estadía en este mundo, tal vez solo así seremos realmente felices.


Por: Manolo Torres

5/25/2015

El peso de las decisiones de un escritor (2).

Y el final lo han alcanzado muchos muy pronto e intencionalmente, como Alejandra Pizarnik. Pero hay un caso de suicidio que se me hace mucho más familiar para contar, y es el del escritor colombiano Andrés Caicedo, quien se quitó la vida con 60 pastillas de secobarbital en 1977 poco después de publicar su novela “Qué viva la música”.
Varias veces ya había manifestado en público que no seguiría viviendo luego de que cumpliera 25 años, ya que le parecía una insensatez con la vida, según lo que dicen sus amigos con quienes fundó el cine-club de Cali, era que Caicedo pensaba que la juventud era lo único que valía la pena vivir y que si tenías una obra para dejar podrías morir en paz. 
Muchos fueron los que sacaron conclusiones acerca de la muerte del autor, pero la opinión de Albert Fuguet es la más interesante:“Caicedo es el eslabón perdido del boom. Y el enemigo número uno de Macondo. No sé hasta qué punto se suicidó o acaso fue asesinado por García Márquez y la cultura imperante en esos tiempos. Era mucho menos el rockero que los colombianos quieren, y más un intelectual. Un nerd súper atormentado. Tenía desequilibrios, angustia de vivir. No estaba cómodo en la vida. Tenía problemas con mantenerse de pie. Y tenía que escribir para sobrevivir. Se mató porque vio demasiado”. 
Fuese lo que fuese que haya visto el autor caleño, tuvo que ser bastante convincente para que el autor entregará toda su obra literaria a la muerte, y aunque es uno de nuestros autores resguardados y escondidos en la memoria con cierto cariño, algunos colombianos pensamos que le quedo debiendo mucho al país, claro en cuanto a nivel literario, porque sobre iniciativa nos enseñó mucho.
Hay otro caso muy puntual de demencia en la literatura, y este tipo de escritura no es más que una decisión tomada con valentía por un temerario escritor. He  leído varios de los cuentos de  Edgar Allan Poe, como ‘Ligeia’, ‘William Wilson’ o ‘La máscara de la muerte roja’, y luego de analizarlos cuidadosamente he logrado identificar muchos aspectos de la vida del autor, como sus problemas con el alcohol y las drogas, además de la muerte de su esposa. 
En la literatura de Poe, se puede apreciar su afán por comprender la locura que existe en la vida, esa locura trastornada que logra cambiar pensamientos e intenta explicar los misterios más horrorosos que esconde el ser humano. ¿Qué tenía Edgar Allan Poe en su cabeza? ¿Qué lo hacía pensar de esta forma? ¿Qué lo llevo a tomar esas decisiones tan extrañas, como la de casarse con su prima menor? 
Tal vez fue su amor por la literatura, ya que fue el primer escritor estadunidense en hacer de sus escritos su modus vivendi, tal vez esta decisión tan apasionada sería la que cambiaría el pensamiento del escritor de esa manera, y la cual lo llevo a convertirse en el maestro del género literario de terror, además de crear el relato detectivesco. 
Es tanta la trascendencia que tiene la literatura de Poe que ha habido adaptaciones de sus cuentos en la pantalla grande, como “La caída de la casa de Usher” de 1960, una película basada en un cuento del mismo nombre, aún en estos tiempos más modernos se siguen publicando cortometrajes en el internet, un día vi uno bastante interesante en el portal de vídeos ‘YouTube’ de “El corazón delator”, interpretado por Alberto Laiseca un escritor argentino, quien también decidió ambientar su talento literario con un poco de terror y suspenso.
Sin embargo, Edgar Allan Poe no es el único al que se le han hecho adaptaciones en el cine. Existe una película llamada Fahrenheit 451 dirigida por François Truffaut, quien se basó en el libro con el mismo nombre escrito por Ray Bradbury. La temática de esta historia narra una realidad distópica en la que el gobierno ordenó a un grupo de ‘bomberos’ quemar todo libro que encontraran, ya que leer hacía infelices a los hombres pues los ponía a dudar o a pensar en ser diferentes y  ser iguales era lo correcto o aceptado por la sociedad. 

El protagonista de la historia era un bombero llamada Montag, quien comenzó a sentir curiosidad por leer y saber cuál era el problema que escondían los libros detrás de su portada, sin embargo se dio cuenta que no todo era como le decían, esto lo llevo a cuestionarse sobre el verdadero objetivo de su trabajo optando a la final por entregarse al mundo de la literatura. 

En el trasfondo de la temática de este libro se puede identificar las críticas que hace en contra de la censura o hacía el poco interés de las personas por leer. Es claro que hay un cierto moralismo en la obra de Bradbury, pero no suena a que intenta dar predicciones sobre el futuro, es más bien una advertencia sobre lo que podría pasar si la tecnología o las leyes de prohibición llegan a dominar al ser humano. 

Y bueno, estamos en el 2015 y parecía que tenía razón; mucha gente ha reemplazado las buenas expresiones artísticas por cosas más triviales que aparecen en la televisión o en los juegos de sus tablets. No es que la tecnología sea un problema, (al contrario brinda múltiples herramientas a los usuarios), pero por qué reemplazar un buen libro debajo de un árbol verde a estar viendo una novela con malos guiones en un cuarto penumbroso. 

Quizás estas eran las advertencias del autor de ‘Crónicas Marcianas’, hacernos entender que los ideales no se deben olvidar y que las decisiones que tomemos siempre tendrán un valor moral en nuestros comportamientos y en los de la sociedad a nuestro alrededor.

Por otro lado, Isaac Asimov es un autor que si intentaba hacer predicciones acerca del futuro en sus libros, predijo sobre la transformación tecnológica que tendrían las comunicaciones gracias a los teléfonos celulares, las tablets y computadoras, pues estos aparatos nos permitirían hacer vídeo-llamadas. Dijo que los hombres continuarían aislándose de la naturaleza buscando satisfacer sus necesidades, cosa que si hemos observado a lo largo de los últimos años.

También habló acerca de un dos mil catorce lleno de autos voladores, pero esta predicción no se cumplió, por lo menos no todavía. No obstante, el escritor mexicano Bernardo Fernández explica que el verdadero logro de un escritor de ciencia ficción no está en predecir la creación de ciertos inventos, sino el uso que se le va a dar a estos. Según él, lo que realmente hacen este tipo de escritores es“un ejercicio de prospectiva, que, como su nombre indica, proyecta el presente hacia adelante a partir de una muy rigurosa observación del entorno y un profundo conocimiento de la ciencia y la tecnología”.

Y esta es solo uno de las formas en las que la literatura se puede mezclar con la tecnología, muchos de los nuevos escritores han comenzado su carrera utilizando alguna red social o también recurren a esta herramienta para explotar su talento y divulgarlo al mismo tiempo. Como es el caso de la red social Twitter, la cual sirve como micro-blogin para cualquier usuario que quiera publicar sus ideas en un rango máximo de 140 caracteres. 

Hace poco conocí un par  de libros de palíndromos de un autor llamado Pedro Poitevin, uno titulado ‘Ateo Pedro va para pavor de poeta’ y otro nombrado ‘Eco da Eco de a doce a doce’; en la reseña de este último decía algo que me llamó mucho la atención: “Los que descubran las reglas de este juego se sumergen en el vicio  de formar frases para leerse de ida y de vuelta,  intentando dar sentido al sinsentido; sin duda, esta rara afición ha visto sus mejor momento en tiempos de Twitter”. 

¿Qué quieren decir exactamente con esto? ¿Acaso apela a la posibilidad de encontrar poetas en medio de la red? Claro que sí, está dando paso a la idea de que las herramientas que existen en el Internet le brindan la ayuda a cualquier internauta que tenga la inquietud por comenzar su propio blog y llenarlo con contenido poético. 

Entonces, comenzaremos a ver una gran cantidad de escritores tratando de abarcar el mundo literario a través de las nuevas tecnologías, tratando de ganar algo de reconocimiento o unos cuantos lectores por medio de una página web.


Por: Manolo Torres.

5/22/2015

El peso de las decisiones de un escritor.

Una noche, hablando con algunos buenos amigos que conocí en México, llegamos a un tema que nos llamó bastante la atención a todos, o por lo menos les causo mucho intriga a mis compañeros la idea de identificar por qué los escritores toman algunas decisiones tan fuertes y contundentes que marcan su vida, tanto personal como literaria; ¿lo harán por el reconocimiento público o por qué esa es la manera en la que asimilaron su realidad y decidieron vivir o morir así? 

Mientras yo les explicaba algunos ejemplos de la temática, ellos seguían preguntando u opinando y yo seguía formulando más cuestionamientos. El ejercicio fue realizado más o menos a la una de la mañana; a pesar de que habían varias botellas de cerveza destapadas, la plática se tornó bastante atractiva, así que decidí abordar esta cuestión a través de este texto y hacer una análisis más profundo, estructurado y con varios ejemplos, pensando en la posibilidad de que sería muy educativo para cualquier persona que quiera convertirse en escritor o cualquier escritor que quiera reconocer las esencias de otro autor para crear la suya. 

Gabriel García Márquez alguna vez dijo que sus obras contenían 20% de inspiración y 80% de transpiración, esto refiriéndose a que la idea del tema no sería nada sin todo el trabajo que tiene que hacer el escritor para convertirla en una obra literaria. Además de esto, el escritor en el prólogo que hizo para ‘Doce cuentos peregrinos’ dice que no va a volver a leer el libro porque teme que se va a arrepentir; “siempre he creído que toda versión de un cuento es mejor que la anterior. ¿Cómo saber entonces cuál debe ser la última?” se preguntaba en ese entonces, pues creía que al leer sus propias obras ya publicadas se frustraba al encontrar frases que pudo haber dicho mejor. 

Casi siempre que empezaba un libro de Gabo me encontraba con alguna reflexión de su parte sobre un tema polémico o con alguna explicación de las decisiones que él tomaba y estos argumentos llenaban de confianza mi corta carrera literaria e influenciaban también en mi lado personal, por ejemplo: García Márquez decidió morir en la ciudad de México en el 2014, yo por un lado decidí ir de visita ese mismo año, a ver si él me dejó alguna nota escondida en Coyoacán con una última y hermosa enseñanza.

A pesar de esto, no fueron las decisiones del autor de ‘Cien años de soledad” las que me llevaron a analizar más este cuestionamiento, si bien, la idea ya  había vagado en mi mente desde hace un tiempo, es probable que haya comenzado a explorarla desde la vez que le escuche decir a un escritor una frase en medio de una clase de un taller de escritores: “Escribir no es un oficio, ni una profesión, es otra perspectiva,  una forma diferente de ver la vida". El nombre del autor de la frase y de quien dirigía aquella clase es Nayid Camacho. Pero en este momento el nombre de él no es lo importante, sino la esencia que hay en esa oración. 

Nayid, buscaba despertar la visión surrealista de todos los escritores que estábamos en aquel salón, buscaba nuestra curiosidad por explorar nuestro propio talento, él quería que sintiéramos el peso que debe cargar un escritor en sus letras, él quería que entendiéramos que si nos duele ver el sol triste un domingo, es porque la literatura nos abre la imaginación permitiéndonos observar y comprender las cosas del mundo real de esa manera. Una manera libre, pero que a veces parece una condena, un látigo que nos castiga haciendo brotar poesía de la herida. 

Ese mismo día el profesor Camacho leyó el prefacio de un libro de Truman Capote llamado Música para camaleones, con este texto intentaba fundamentar más la idea sobre el acto de escribir, o bien, realzar la importancia de la misma. En aquel prefacio el autor contaba como desde los ocho años comenzó a escribir sus primeras frases, tuvo que practicar igual que un niño que ensaya piano todos los días, solo que él lo hacía con plumas y papel. Truman Capote decía que antes de alcanzar el camino de la literatura tuvo que enfrentarse a muchas pruebas, no solo gramaticales o de redacción, sino también lecciones de la vida misma, notó que el escritor para comprender debe nutrirse de múltiples conocimientos por eso debe aprender de diversas fuentes como la música, la pintura, o la simple observación cotidiana. Al comprender este tipo de cosas a los diecisiete años, el escritor ya se sentía un artista consumado. Sin embargo, un poco de antes de eso, había notado dos cosas que lo ayudarían a comprender aún más su destino; primero descubrió la diferencia entre escribir bien y mal; y luego hizo otro descubrimiento que lo preocupo mucho más: “la diferencia entre escribir bien y el arte verdadero; es sutil, pero brutal. ¡Y, después de aquello, cayó el látigo!”. 

Esta última frase es la que más me gusta del prefacio, y no es solo esa la razón por la que la menciono en este texto, sino porque es un ejemplo muy acertado a mi cuestionamiento. Truman Capote tomó su decisión siendo muy joven, se entregó a la literatura, “un noble e implacable amo” (como el mismo lo nombra), y asumió las consecuencias para convertirse en un escritor, al cual la vida le dio un don que resulta ser un arma artística con la que se debe auto-flagelar para poder llevar a cabo su arte libremente. 

Pero cada escritor experimenta de forma diferente el descubrimiento de su talento. Capote se dio cuenta a su manera y en ese momento supo que ese sería su estilo de vida. Sin embargo, ¿cómo hace un escritor joven para vislumbrar el camino como lo hizo el autor de Sangre Fría? ¿Qué hacer si no se está seguro que los zapatos con los que caminamos arrastran letras novelescas? Esta pregunta se la puede hacer cualquier persona con respecto a cualquier oficio, un estudiante de odontología se cuestionará su gusto por los dientes o un aspirante a profesor medirá su paciencia con los niños, cualquier individuo se preguntaría si sus decisiones son correctas. Pero en el caso de un escritor, esta pregunta suele tener un sabor más amargo, un sabor que mucha gente no comprende, porque es algo que va más allá de un trabajo en la cotidianidad, es tener la sensibilidad despierta todos los días, a todas horas, esperando que llegue algo que nos sorprenda y nos obligue a escribir. 

Recuerdo que esta pregunta me la hacía mucho a mí mismo, solía meditar luego de terminar uno de mis textos; escribía y escribía varios poemas y los guardaba con recelo pensando que no eran tan buenos. Aun así, habían momentos que me llenaba de confianza y se los envía a la gente esperando una buena respuesta, esperando que de verdad les agradará mis letras. Pues, ese acto de valentía resultó bastante bien, mis amigos me daban buenos comentarios, además de exponer algunas críticas en pro de que yo mejorará. Yo las recibía con gusto, sabía que todas sus palabras eran bien intencionadas, que buscaban motivarme a seguir escribiendo, y así lo hice, seguí redactando y enviando textos. Sin embargo yo nunca me confíe del todo de las cosas, siempre estaba dudando de mis productos, así que siempre terminaba preguntándole a diferentes y muchas personas qué opinan sobre mi escritura.

Una vez en particular, luego de  preguntarle a un compañero de clase si le había gustado uno de mis poemas, él percató en mi interrogación un poco de desconfianza. Comenzó a platicarme, a decirme que él no podía determinar si mi poesía estaba bien o mal, dijo que en el arte era muy difícil dar veredictos de juicio porque cada interpretación es muy diferente, así que lo único que podía hacer era darme pequeños consejos o sugerencias que me pudiesen ayudar pulir más mi literatura. Luego de la charla, se ofreció a prestarme un libro que semanas después yo encontraría exquisito, sobre todo porque me ayudó a entender el punto de mi amigo. 

Un día cualquiera Rainer Maria Rilke recibe las cartas de un joven poeta que lo admira y el cual dice requerir algunas enseñanzas, además de preguntarle cómo le parece  el estilo de su poesía. El reconocido autor alemán le responde la carta al adolescente inquieto y esta carta es el primer capítulo que sale en el libro ‘Cartas a un joven poeta”. 

En su respuesta Rilke expone varios puntos que son esenciales para comprender la vida de un escritor. Uno de ellos sale de una situación parecida a la que tuve yo con mi compañero, el autor le decía que él no lo podía aconsejar, que en realidad nadie le podía brindar un buen consejo, ya que eso era estar viendo hacia afuera, y lo que debe hacer un escritor es adentrarse en sí mismo, ese es el único remedio para sacarse los sentimientos en forma de letras. Sin embargo, la concentración de la idea está en una pregunta que le formula el alemán a través de una inspiradora narración: “Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir. Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: "¿Debo yo escribir?" Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un "Si debo" firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida”. 

Me pregunto qué decidió aquel joven luego de leer las letras que le enviaba Rainer Rilke, ¿se preguntaría así mismo si debía escribir o no? ¿Exploraría los recursos que le ofrece su propio ser? Este tipo de situaciones son las que obligan a los escritores a tomar decisiones que afectan tanto su vida literaria como personal. Son decisiones tan fuertes y únicas que son incompresibles para los demás, pero tienen un impacto increíble en el autor, en quién decide cargar ese peso literario que se siente sólido pero que es intangible como el alma. Sin embargo, cada decisión hace nacer un nuevo concepto y de esos conceptos se desprenden dudas que cavan aún más profundo en la mente del escritor. Tan profundo que lo llevan a cuestionarse el estilo lunático de vida que  tiene o  incluso cómo será el final de este.

Por: Manolo Torres