Las Cuadrillas de San Martín cumplieron 280 años

Asiste al IV Salón de Arte Llanero. Del 3 al 7 de diciembre de 2015.

Así se vivió la jornada electoral.

Envía tus artículos a minutoymedios.llanos@gmail.com

Mostrando las entradas con la etiqueta Manolo Torres. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Manolo Torres. Mostrar todas las entradas

6/18/2015

Las personas ahora tienen numerales en sus caras.

Al humano promedio le gusta seguir las tendencias, las modas; se adapta a los diferentes cambios que tiene la sociedad con el fin de encajar en ella y estar al tanto de todo lo que pasa en la actualidad. Este comportamiento es normal, pues al ser individuos pensantes podemos tomar decisiones que nos brindan una ayuda para sociabilizar. El problema es cuando no pensamos y simplemente seguimos una corriente porque todo el mundo lo hace, olvidándonos de nuestras esencias (únicas y personales) y perdiendo la originalidad que reside en cada persona.

Desde que la red social Twitter comenzó a hacer uso de los hashtags, se creó una nueva forma de encasillar la temática de la publicación, esto permitió que los usuarios pudiesen encontrar la información de una manera más fácil y especifica. Así que, comenzaron a verse casos en los que los ‘tuiteros’ denunciaban una problemática por medio de un numeral, esto ayudaba a que se hiciese más visible la noticia y que mucha más gente reconociera u opinara sobre el tema. Desde ese momento, la comunicación en las redes sociales cambia un poco más, las personas empiezan a adoptar las etiquetas de numerales para cualquier tipo de mensaje sin ningún problema, y el uso por el cual nacieron este tipo de etiquetas, pierde su orientación.

A pesar de que muchos internautas, al principio, usaban los numerales para comunicar emergencias, catástrofes o alguna opinión política, otros simplemente comenzaron a usarla para acompañar sus fotos de asados familiares, de salidas a bares con amigos o para hacer alarde que estuvieron en Starbucks o Mc’Donalds. Algunos dirán, pero ¿qué tiene de malo esto? Claro, no tiene nada de malo, pues cada quien tiene la libertad de publicar cuanta cosa irrelevante quiera, así no le aporte nada a la sociedad, porque siendo sinceros, ese tipo de publicaciones no motivan el pensamiento crítico de las personas, sino que al contrario, las envuelve en una realidad superflua de aparentar lo que está de sobra.

Pero ese ni siquiera es el problema principal del que quiero hablar, como dije, cada quien utiliza las opciones virtuales como quiere y comparte lo que le parezca pertinente en su redes sociales, pero, ¿por qué abusar de las herramientas y caer en la banalidad? ¿Por qué publicar los zapatos que se acaba de comprar con un pie de foto lleno de esto: #zapatos #nike #huellaslimpias #freestyle #piessanos #mesientobien #nocaminosinolevito, ¿por qué atentan de esta manera con el idioma y con el lenguaje digital? Está bien poner una o dos etiquetas, como para acompañar la foto, pero poner toda esa lista de palabras sin sentido lo único que hace es que se pierda la idea que se quiere emitir y los mensajes llegan tan fragmentados que parece que se estuviera leyendo el discurso de un presidente tartamudo que no explica nada de lo que le preguntan.

Los hashtags se inventaron para contextualizar un tema y hacer más fácil su búsqueda, no para abusar de ellos cuando no se tiene nada que decir. Pues esto es lo único que transmiten las personas que abusan de los numerales; como no pueden escribir una frase inspiradora, ya sea por pereza o falta de conocimiento, recurren a la puerilidad de las redes sociales, acompañando sus fotos con palabras a medias que no dicen nada interesante, ni educativo, ni provechoso para la comunidad.

Si seguimos atentando nuestro increíble idioma con este tipo de comportamientos, perderemos la capacidad para redactar frases hermosas y poéticas, perderemos la riqueza idiomática que nos pertenece pero que muchos prefieren desdeñar y botar al caño, perderemos nuestro precioso lenguaje, ese que nos ayuda a ser pensadores profundos, que nos hace imaginar con libertad y nos permite ingeniar ideas originales. Llegará el día en el que solo hablemos por medio de etiquetas, entonces cuando nos pregunten que hicimos el fin de semana, responderemos así: #piscina #beer #sol #nube #bikinirosadito #amigas #sonlasmejores.

Lo que me preocupa es que el humano pierda su afán por querer crear cosas que verdaderamente aporten algo al desarrollo de un país, cosas que lleven al arte, al deporte o al buen manejo de la economía, cosas que nos hagan pensar más allá de lo que dice Internet o cualquier otro medio masivo, cosas que en realidad ayuden a entender mejor la sociedad y que nos hagan mejor persona.

Usen los numerales que quieran, pero no en todo lado, ni en todos los temas que publiquen, porque no generan nada de importancia social o intelectual y quedan totalmente desubicados con la vida real; como dicen por ahí: todo tiene su momento y su lugar pero no todo tiene que llevar numeral ni etiquetas innecesarias, no se conviertan en unos abusivos del hashtag; #noseanfastidiosos. 


Por: Manolo Torres. 

6/04/2015

Premio a la literatura universitaria


El primer concurso literario Uniminuto 2015, "que nadie se quede sin escribir", realizado por la Unidad de Transversales, premió el primer y segundo puesto en las categorías de microrrelato y poesía el pasado 29 de mayo en la sede Parque Infantil con el objetivo de inculcar en los estudiantes el hábito de la escritura y la lectura.

Los primeros puestos, fueron para el poema ¿Y los días? de Manuel Enrique Torres Aldana y para el microrrelato llamado “Pesadilla” de la estudiante Paula Alejandra Segura Mirabal. Los segundos puestos fueron ocupados por Jaime Luis Ospino Daza con el cuento “Un lugar mejor” y Gloria Estefanía Tenjo Piñeros con la poesía titulada “Como si”.

Los criterios que se tuvieron en cuenta para calificar los textos fueron la originalidad y la sorpresa narrativa del microrrelato, y la musicalidad y evocación lírica en la poesía. Los jurados escogidos para llevar a cabo esta tarea fueron los profesores Tirso Hernán Bueno Castañeda y Paulo Valencia Villa.

El premio para primer y segundo puesto fue el descuento de 20% y 15% en la matrícula del segundo semestre del presente año. Para hacer válido esto, se entregó junto con la placa ganadora, un documento que certifica tal decisión tomada por la Vicerrectoría.

Por: Manolo Torres


5/27/2015

El peso de las decisiones de un escritor (3).

Y han sido muchas más las manifestaciones que ha tenido la literatura por medio de las redes sociales, también está el caso de un movimiento que se tornó viral y que también fue epicentro para un debate que tuve con una amiga argentina alguna vez en las calles de México, y es el de la ‘Acción Poética’, esta expresión artística  consistía en escribir frases con un formato especifico en las paredes de las calles de diferentes ciudades del mundo para subir una foto de aquel mural a una página creada en Facebook y de esta manera compartir masivamente la frase, buscando que la gente sienta pasión por la poesía y que se haga escuchar por medio de esta.

Pero lo que debatíamos con mi compañera era si ese tipo de frases eran verdadero arte o simplemente una frase elegida al azar, pues es esta la diferencia la que le da el valor a la literatura (algo parecido a la cita que puse anteriormente de Truman Capote, en la que hace los descubrimientos que lo llevaron a ser escritor). 

Recuerdo que yo no estaba muy convencido de que la ‘Acción Poética’ tuviera un contenido lo suficientemente fuerte para motivar a la gente a leer, sino que más bien eran excusas para creerse poetas sin sentido, pero a la final de aquel debate, ella resultó convenciéndome de que esas contadas palabras expresaban fragmentos de la cotidianidad que eran lo suficientemente verdaderos para adherirse a las vivencias de las personas, que esas frases cortas, escritas en un pared blanca, podían llegar a tocar un pensamiento especifico de algún lector transeúnte y transformar su día, ya que lograba identificarse con el sentimiento que expresa esa escueta forma de hacer poesía callejera.

Otro vivo ejemplo de estas nuevas expresiones es el caso del músico español Robe Iniesta, fundador y vocalista de la banda de rock urbano Extremoduro, la cual sube muchos de sus vídeos al Internet, además de publicar todos los datos sobre conciertos y giras en su página web. 

En la lírica de sus canciones se ve la fuerte influencia de la poesía y como esta es un factor determinante en los mensajes que quiere trasmitir el cantautor de ‘Extremo’ (como le dicen a la agrupación abreviadamente), pues la música es solo la forma y el verdadero contenido artístico está en la letra de los temas, o en palabras de Robe: “yo me reivindico más como poeta porque lo que más quiero es ser poeta. Hacer música, bueno, si está bien, pero hacer una letra para mi es mucho más difícil, es donde está una canción”.

Por otra parte, sigo pensando que saber identificar esa diferencia correctamente en las redes sociales o en algún blog clandestino es lo que evita que el arte se degrade y permite que se sigan creando brillantes obras artísticas. 

Si este análisis se hace correctamente se podrán seguir explorando nuevas formas de hacer arte desde el ámbito tecnológico, ya que este nos ofrece una gran capacidad para enviar contenidos en forma de bit, permitiendo que el flujo de información sea más libre  y dándole la opción a cualquier persona de subir a la interfaz su producto artístico. Explotando al máximo este recurso habría una gran fuente de información cultural en la web, esto ayudaría mucho al progreso educativo de las naciones, pues tendrían a la mano una herramienta que les permite aprender sobre arte gratuitamente. 

Entonces, en este orden de ideas podría decirse que las decisiones que toman los diferentes escritores tienen un peso tan drástico para su vida misma y para la vida en general, que logra influir al resto de la sociedad creando nuevos conceptos en ella para que todas las personas puedan descubrir y mostrar también su lado artístico.

Mucho de los escritores que mencione anteriormente, siempre intentaban dejar su huella en el mundo y en el corazón de las personas, buscaban transformar el mundo con el recurso de la literatura pero utilizando varias temáticas o recursos que impactaran lo suficiente a las personas para que ella mismas reflexionarán y aprendieran a cuestionar sus propias ideas.

Algunos escritores decidieron morir por sus letras, porque solo así vivirían eternamente, otros llevaron sus sentidos al límite para enseñarle a la gente que la vida va más allá de un trabajo de oficina y que lo único que realmente importa son las decisiones que tomemos para sonreír en el presente efímero. Ya lo decía Baudelaire en uno de sus poemas: “¡Es hora de embriagarse! Para no ser los esclavos martirizados del tiempo, ¡embriáguese, embriáguense sin cesar! De vino, de poesía o de virtud, o como mejor le parezca. Supongo, que ellos solo querían que nos arriesgáramos a tomar ese tipo de decisiones para vivir al máximo nuestra estadía en este mundo, tal vez solo así seremos realmente felices.


Por: Manolo Torres

5/22/2015

El peso de las decisiones de un escritor.

Una noche, hablando con algunos buenos amigos que conocí en México, llegamos a un tema que nos llamó bastante la atención a todos, o por lo menos les causo mucho intriga a mis compañeros la idea de identificar por qué los escritores toman algunas decisiones tan fuertes y contundentes que marcan su vida, tanto personal como literaria; ¿lo harán por el reconocimiento público o por qué esa es la manera en la que asimilaron su realidad y decidieron vivir o morir así? 

Mientras yo les explicaba algunos ejemplos de la temática, ellos seguían preguntando u opinando y yo seguía formulando más cuestionamientos. El ejercicio fue realizado más o menos a la una de la mañana; a pesar de que habían varias botellas de cerveza destapadas, la plática se tornó bastante atractiva, así que decidí abordar esta cuestión a través de este texto y hacer una análisis más profundo, estructurado y con varios ejemplos, pensando en la posibilidad de que sería muy educativo para cualquier persona que quiera convertirse en escritor o cualquier escritor que quiera reconocer las esencias de otro autor para crear la suya. 

Gabriel García Márquez alguna vez dijo que sus obras contenían 20% de inspiración y 80% de transpiración, esto refiriéndose a que la idea del tema no sería nada sin todo el trabajo que tiene que hacer el escritor para convertirla en una obra literaria. Además de esto, el escritor en el prólogo que hizo para ‘Doce cuentos peregrinos’ dice que no va a volver a leer el libro porque teme que se va a arrepentir; “siempre he creído que toda versión de un cuento es mejor que la anterior. ¿Cómo saber entonces cuál debe ser la última?” se preguntaba en ese entonces, pues creía que al leer sus propias obras ya publicadas se frustraba al encontrar frases que pudo haber dicho mejor. 

Casi siempre que empezaba un libro de Gabo me encontraba con alguna reflexión de su parte sobre un tema polémico o con alguna explicación de las decisiones que él tomaba y estos argumentos llenaban de confianza mi corta carrera literaria e influenciaban también en mi lado personal, por ejemplo: García Márquez decidió morir en la ciudad de México en el 2014, yo por un lado decidí ir de visita ese mismo año, a ver si él me dejó alguna nota escondida en Coyoacán con una última y hermosa enseñanza.

A pesar de esto, no fueron las decisiones del autor de ‘Cien años de soledad” las que me llevaron a analizar más este cuestionamiento, si bien, la idea ya  había vagado en mi mente desde hace un tiempo, es probable que haya comenzado a explorarla desde la vez que le escuche decir a un escritor una frase en medio de una clase de un taller de escritores: “Escribir no es un oficio, ni una profesión, es otra perspectiva,  una forma diferente de ver la vida". El nombre del autor de la frase y de quien dirigía aquella clase es Nayid Camacho. Pero en este momento el nombre de él no es lo importante, sino la esencia que hay en esa oración. 

Nayid, buscaba despertar la visión surrealista de todos los escritores que estábamos en aquel salón, buscaba nuestra curiosidad por explorar nuestro propio talento, él quería que sintiéramos el peso que debe cargar un escritor en sus letras, él quería que entendiéramos que si nos duele ver el sol triste un domingo, es porque la literatura nos abre la imaginación permitiéndonos observar y comprender las cosas del mundo real de esa manera. Una manera libre, pero que a veces parece una condena, un látigo que nos castiga haciendo brotar poesía de la herida. 

Ese mismo día el profesor Camacho leyó el prefacio de un libro de Truman Capote llamado Música para camaleones, con este texto intentaba fundamentar más la idea sobre el acto de escribir, o bien, realzar la importancia de la misma. En aquel prefacio el autor contaba como desde los ocho años comenzó a escribir sus primeras frases, tuvo que practicar igual que un niño que ensaya piano todos los días, solo que él lo hacía con plumas y papel. Truman Capote decía que antes de alcanzar el camino de la literatura tuvo que enfrentarse a muchas pruebas, no solo gramaticales o de redacción, sino también lecciones de la vida misma, notó que el escritor para comprender debe nutrirse de múltiples conocimientos por eso debe aprender de diversas fuentes como la música, la pintura, o la simple observación cotidiana. Al comprender este tipo de cosas a los diecisiete años, el escritor ya se sentía un artista consumado. Sin embargo, un poco de antes de eso, había notado dos cosas que lo ayudarían a comprender aún más su destino; primero descubrió la diferencia entre escribir bien y mal; y luego hizo otro descubrimiento que lo preocupo mucho más: “la diferencia entre escribir bien y el arte verdadero; es sutil, pero brutal. ¡Y, después de aquello, cayó el látigo!”. 

Esta última frase es la que más me gusta del prefacio, y no es solo esa la razón por la que la menciono en este texto, sino porque es un ejemplo muy acertado a mi cuestionamiento. Truman Capote tomó su decisión siendo muy joven, se entregó a la literatura, “un noble e implacable amo” (como el mismo lo nombra), y asumió las consecuencias para convertirse en un escritor, al cual la vida le dio un don que resulta ser un arma artística con la que se debe auto-flagelar para poder llevar a cabo su arte libremente. 

Pero cada escritor experimenta de forma diferente el descubrimiento de su talento. Capote se dio cuenta a su manera y en ese momento supo que ese sería su estilo de vida. Sin embargo, ¿cómo hace un escritor joven para vislumbrar el camino como lo hizo el autor de Sangre Fría? ¿Qué hacer si no se está seguro que los zapatos con los que caminamos arrastran letras novelescas? Esta pregunta se la puede hacer cualquier persona con respecto a cualquier oficio, un estudiante de odontología se cuestionará su gusto por los dientes o un aspirante a profesor medirá su paciencia con los niños, cualquier individuo se preguntaría si sus decisiones son correctas. Pero en el caso de un escritor, esta pregunta suele tener un sabor más amargo, un sabor que mucha gente no comprende, porque es algo que va más allá de un trabajo en la cotidianidad, es tener la sensibilidad despierta todos los días, a todas horas, esperando que llegue algo que nos sorprenda y nos obligue a escribir. 

Recuerdo que esta pregunta me la hacía mucho a mí mismo, solía meditar luego de terminar uno de mis textos; escribía y escribía varios poemas y los guardaba con recelo pensando que no eran tan buenos. Aun así, habían momentos que me llenaba de confianza y se los envía a la gente esperando una buena respuesta, esperando que de verdad les agradará mis letras. Pues, ese acto de valentía resultó bastante bien, mis amigos me daban buenos comentarios, además de exponer algunas críticas en pro de que yo mejorará. Yo las recibía con gusto, sabía que todas sus palabras eran bien intencionadas, que buscaban motivarme a seguir escribiendo, y así lo hice, seguí redactando y enviando textos. Sin embargo yo nunca me confíe del todo de las cosas, siempre estaba dudando de mis productos, así que siempre terminaba preguntándole a diferentes y muchas personas qué opinan sobre mi escritura.

Una vez en particular, luego de  preguntarle a un compañero de clase si le había gustado uno de mis poemas, él percató en mi interrogación un poco de desconfianza. Comenzó a platicarme, a decirme que él no podía determinar si mi poesía estaba bien o mal, dijo que en el arte era muy difícil dar veredictos de juicio porque cada interpretación es muy diferente, así que lo único que podía hacer era darme pequeños consejos o sugerencias que me pudiesen ayudar pulir más mi literatura. Luego de la charla, se ofreció a prestarme un libro que semanas después yo encontraría exquisito, sobre todo porque me ayudó a entender el punto de mi amigo. 

Un día cualquiera Rainer Maria Rilke recibe las cartas de un joven poeta que lo admira y el cual dice requerir algunas enseñanzas, además de preguntarle cómo le parece  el estilo de su poesía. El reconocido autor alemán le responde la carta al adolescente inquieto y esta carta es el primer capítulo que sale en el libro ‘Cartas a un joven poeta”. 

En su respuesta Rilke expone varios puntos que son esenciales para comprender la vida de un escritor. Uno de ellos sale de una situación parecida a la que tuve yo con mi compañero, el autor le decía que él no lo podía aconsejar, que en realidad nadie le podía brindar un buen consejo, ya que eso era estar viendo hacia afuera, y lo que debe hacer un escritor es adentrarse en sí mismo, ese es el único remedio para sacarse los sentimientos en forma de letras. Sin embargo, la concentración de la idea está en una pregunta que le formula el alemán a través de una inspiradora narración: “Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir. Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: "¿Debo yo escribir?" Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un "Si debo" firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida”. 

Me pregunto qué decidió aquel joven luego de leer las letras que le enviaba Rainer Rilke, ¿se preguntaría así mismo si debía escribir o no? ¿Exploraría los recursos que le ofrece su propio ser? Este tipo de situaciones son las que obligan a los escritores a tomar decisiones que afectan tanto su vida literaria como personal. Son decisiones tan fuertes y únicas que son incompresibles para los demás, pero tienen un impacto increíble en el autor, en quién decide cargar ese peso literario que se siente sólido pero que es intangible como el alma. Sin embargo, cada decisión hace nacer un nuevo concepto y de esos conceptos se desprenden dudas que cavan aún más profundo en la mente del escritor. Tan profundo que lo llevan a cuestionarse el estilo lunático de vida que  tiene o  incluso cómo será el final de este.

Por: Manolo Torres

5/20/2015

Amor fragmentado en cinco actos.



Pre-ludio
                          


Esta historia 
solo aparece
si ellos dos abren los ojos al mismo tiempo;
al existir esa coincidencia voluntaria
se desborda el mar de palabras
que solo vive
en sus curiosas miradas.
Y así
las olas van narrando
un recuerdo
que no se ahoga con las lágrimas del reloj…



I



El viento atrás,
rompiendo a la gente
y nosotros
en medio de una calle
soñando a través del tiempo
que el otro exista.



II



La ventana (de tomar café)
quedó herida (y sin mechera)
por el relato amargo
de dos luces…
                          almas,
                                      paranoicas]
…perdidas en la infinita ciudad.



III



Me gusta imaginar 
que la pienso en un futuro,
que con un suspiro
la puedo observar al lado mío.

Me gusta imaginar
que la recuerdo encarecidamente
cuando estoy en mi habitación
fumando,
sonriendo,
anhelando la seda que se desprende
del delirio de sus labios.  

Me gusta imaginar
que usted me desea,
¡aquí y ahora!
en este tiempo efímero
en este instante continuo,
que se nos va de los ojos,
de las manos, de los besos,
se nos va
como el humo del cigarrillo va al cielo 
a morir desmembrado. 



IV



Los días pesan
como el vuelo de un ave gigante
que se esfuma entre las nubes
sin decir adiós…



V



Y sonará para siempre
en aquella habitación amarilla
la guitarra,
las voces,
las fiestas,
de los extraños momentos
demasiado únicos
para ser reales,
demasiado fugaces
para no enamorarse.






Autor: Manolo Torres.